Crónica
de una aventura en Huétor: De los despistes del GPS al festín del Padilla.
(Sábado, 24 de octubre de 2026)
Hay sábados que nacen con estrella, y el pasado fue uno de ellos. El plan era perfecto: amigos, senderismo en el Parque Natural Sierra de Huétor, un día espectacular, claro y una temperatura ideal para perderse en el campo y, por supuesto, el sagrado ritual del "tercer tiempo".
El
calentamiento: Café y armonía en Beas
La
jornada arrancó como mandan los cánones del buen senderista: en la gasolinera
de Beas de Granada. Allí nos reunimos la tropa. Entre el olor a café recién
hecho, tostadas con tomate y las primeras risas del día, desayunamos en
perfecta armonía. Las caras de sueño se transformaron rápidamente en ganas de
marcha mientras planeábamos la ruta. ¡El ambiente no podía ser mejor!
El
misterio de Las Mimbres: ¡Maldito GPS!
Terminado
el desayuno, pusimos rumbo al punto de inicio... o al menos esa era la
intención. La tecnología decidió ponerse juguetona y a unos cuantos del grupo el
GPS se les puso rebelde, mandándolos directos a Las Mimbres en lugar de al
aparcamiento señalado. ¡Primera prueba de paciencia del día! Tras un rato de
espera amenizado con bromas sobre el sentido de la orientación de los
desaparecidos, por fin asomaron los extraviados. Con el grupo ya completo y el
reencuentro celebrado, iniciamos la ruta sin más contratiempos reseñables.
¡A las
botas! Arranca la ruta y la "operación distracción"
Empezamos a caminar con paso firme en dirección al Cortijo del Chorrillo.
Sin embargo, la aventura siempre tiene sus giros de guion. Al acercarnos al cortijo, el "temor reverencial" a los guardianes de cuatro patas —esos simpáticos perros que a veces se toman su trabajo demasiado en serio— nos hizo activar el plan B.
¡Una
retirada a tiempo es una victoria!. Nos desviamos a la izquierda por un
barranco a poca distancia del cortijo, esquivando la zona y reenganchando la
pista más adelante limpios de sustos. ¡Segundo reto superado!
Conquistando
los collados: El momento del bocata
A partir de ahí, las piernas empezaron a pedir ritmo en la subida. Coronamos primero el Collado del Cigarrón y seguimos ganando altura por la pista hasta alcanzar el Collado de los Pollos. ¡Y qué recompensa! Con unas vistas espectaculares y el aire puro de la sierra, llegó el momento más esperado de la mañana: abrir la mochila, sacar el bocata y recuperar fuerzas. Sentarse allí arriba a comer en grupo sabe a gloria bendita.
Descenso
entre piedras y agua
Con el estómago contento, iniciamos la bajada hacia la Fuente de la Mora, un rincón precioso que siempre refresca el alma.
Desde la fuente, el terreno se puso un poco más "rebelde". Nos tocó afrontar un descenso algo escabroso y técnico, de esos en los que hay que mirar bien dónde se pone el pie y sacar a relucir el equilibrio, pero que le dan el punto justo de emoción a cualquier ruta.
Superado el tramo empinado, enlazamos de nuevo con la pista cómoda que nos llevó directos y triunfantes hasta los coches.
El
glorioso tercer tiempo: Homenaje en el Padilla
Si la
ruta fue buena, el final fue épico. Pusimos rumbo al Restaurante Padilla
para el merecido homenaje. Teníamos un plan... pero el Padilla y su cocina
decidieron lo contrario. Las raciones empezaron a desfilar, el hambre acumulada
hizo su magia y terminamos comiendo muchísimo más de lo que teníamos planeado
(¡como debe ser!). Entre platos deliciosos, cervezas frías y las risas
recordando los despistes tecnológicos y los esquives perrunos, cerramos un
sábado redondo de los que se quedan grabados en el calendario.
Ruta: https://loc.wiki/t/21778034?wa=sc de Juan A. Pozo
Crónica: Antonio Hita
Fotos: Rocío y Vicente















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