sábado, 16 de diciembre de 2017

ALTO DE LOS MIGUELEJOS

Sábado 2 de diciembre, toca subir al Alto de los Miguelejos.
A las 8:30 más o menos después de dar cuenta de un buen desayuno en Cenes , tomamos carretera y manta y nos dirigimos a Quéntar, dónde recogemos a Paco  que nos hará de guía en esta ruta. No es que quiera hacer dejación de mis responsabilidades de guía titular, más bien no me queda más remedio que rendirme  ante tan buen conocedor del terreno. ¡¡ gracias Paco por guiarnos con paso firme y hacer tan ameno el camino!!
Dejamos atrás el pantano de Quéntar con su impresionante tajo, tomamos el carril del Tintín, dónde dejamos los coches e iniciamos la marcha, la primera salida invernal de esta temporada.
Desde este momento, ¡¡todo una gozada!! El cielo azul intenso, el aire limpio y Quéntar siempre al fondo vigilando nuestros pasos.
 Sin prisa pero sin pausa, dándonos tiempo para disfrutar del paisaje, ascendemos  hasta dar vista al Alto de los Miguelejos  “el cerro rebolondo” de mi infancia, dónde aparecían las primera nieves del invierno, a lo lejos, imponente nos espera con sus 2017 metros.
En el camino, unas veces por veredas,  las  más campo a través, parapetos, trincheras, cuevas, cortijos derruidos, majanos… nos recuerdan nuestra fatídica Guerra Civil y el esforzado trabajo de agricultores y pastores de tiempos no tan lejanos.
Bordeamos el cerro del Tamboril y ya en la falda de Los Miguelejos  paramos a reponer fuerzas antes del último “ repechón”. Todo un lujo degustar nuestras viandas en tan excepcional restaurante, Veleta,  Mulhacen,  Alcazaba,  Picón de Jerez, ante nuestros ojos.
Levantamos el campo y ¡¡arriba por el pedregal!! Recorremos toda la cuerda hasta llegar al punto geodésico del  Alto de Los Miguelejos, allí,  las excepcionales vistas , prometidas en ,  convocatoria, nos recompensan de cualquier esfuerzo, Sierra Nevada, Sierra Arana, Tejeda/ Almijara , El Lucero, La Maroma,  Sierra de Huetor,  Sierra de Baza, Hoya de Guadix… Pero corre un airecillo que se cuela hasta os huesos, así que sin muchas contemplaciones y menos fotos de las habituales iniciamos el descenso hasta el barranco del Tintín por una fuerte pendiente con muchas piedras sueltas “con cuidadito y buena letra” alcanzamos una vereda que cómodamente entre amigables charlas y risas nos lleva al punto de partida.
Y  ahora las consabidas cervezas, vinos, tés, cafés, brindis y agradecimientos, imprescindibles en todas nuestras rutas.

 besos y abrazos de despedida  y “cada mochuelo a su olivo”  ¡¡¡eh,eh eh  y las mochuelas  también!!!!

sábado, 18 de noviembre de 2017

Entorno del Castillo de Locubín

A hora tempranera, las 8 de la mañana, quedamos citados para realizar esta bonita ruta por el pueblo jienense de Castillo de Locubín. Diecisiete senderistas entre socios e invitados del club nos pertrechamos bien para el evento con un suculento desayuno en Pinos Puente donde no faltaron ni el jamón ni la zurrapa.
Llegar al pueblo e iniciar la ruta  por una empinada calle fue todo uno. La calle del Calvario con su fuerte  pendiente nos sacó de la población y fuimos ascendiendo constantemente primero por carril y después por vereda.
Tras pasar junto a la ermita del Calvario (en ruinas) llegamos a la cueva del Jabonero, hermosa oquedad cárstica que no nos deja indiferentes.
La entrada no es demasiado fácil pero con ayuda de unos y otros podemos penetrar en ella y "retratarnos"  para la posteridad.
El nombre del Cueva del Jabonero se origina durante la Guerra de la Independencia contra los franceses. Cuenta la leyenda que se refugió en Castillo de Locubín un maestro jabonero acompañado de una hija tan hermosa que era la admiración de todos los mozos del pueblo;  para apartarla de las garras de los soldados gabachos se escondió con ella en la cueva donde permanecieron hasta que las tropas napoleónicas abandonaron el lugar.
La ruta sigue ascendiendo dando vista a la población rodeada de un océano de olivos.
Llegamos más adelante a una larga grieta o sima en parte  cubierta por vegetación y bastante profunda a tenor de la prueba de la piedra (la tiras y escuchas como cae).

Nos encontramos más adelante una sorprendente construcción de estilo hippie (o algo parecido), que en ese momento carece de moradores.

No nos deja de llamar la atención por el colorido, la "urbanización" del entorno y las nuevas edificaciones en proceso.


El día no deja de mostrarnos sorpresas y la siguiente es un antiguo torreón bastante bien conservadoconocido como Torre de la Nava.

Algunos algunos de nuestros socios muestran sus habilidades trepadoras introduciéndose en el interior y posar para nuestros expertos fotógrafos.
Toca bajar hasta la carretera, cruzarla e iniciar la subida al cerro del Agua por el sendero de la Colada de la Fuente del Parral, que es una vía pecuaria muy bien conservada.
Penetraremos en un hermoso bosque de encinas y siguiendo el carril pronto llegamos al vértice geodésico y a las antenas que hemos estado divisando en todo momento.
Nuestros veredianos no dejan pasar la ocasión de encaramarse al poste para hacerse la foto de rigor.
Aprovechamos también para comer pues la hora y los estómagos lo requerían.
La bajada la hacemos campo a través hasta encontrar el carril que nos subió al cerro del Agua.
Quedaba una parte interesante de la ruta, la subida al cerro de San Cristóbal,  los Cortados de Camuñas y el descenso hasta el pueblo desde allí. Pero entre que se nos hizo tarde y que no vimos el sendero (si es que lo había) de subida, el personal optó por bajar al pueblo por el mismo sendero que habíamos traído. Un intento de acortar salíó rana; hubo que desandar lo andado y continuar por la senda ya conocida.
El regreso fue rápido y pronto estuvimos en el pueblo donde nos aguardaban los coches. El problema fue que no encontrábamos el lugar de aparcamiento. Que despistaos estamos.

Ruta: https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=8946812
Fotos: Indalecio y Antonio
Crónica: JA Mesa

lunes, 23 de octubre de 2017

Pico de La Torca. Sierra de Alhama.

            El sábado 21 de octubre teníamos previsto visitar la sierra de Alhama, y concretamente ascender a su pico más alto, La Torca, de 1.500 m. de altura.
La sierra de Alhama es un macizo montañoso, que forma parte del Arco Calizo Central, y que va desde el Boquete de Zafarraya hasta el Puerto de Los Alazores cerca de Alfarnate. Es un terreno kárstico de roca caliza, erosionado por el agua, lo que da lugar a una configuración característica, con formaciones caprichosas, terreno abrupto y difícil de andar, que en algunos lugares presenta torcas o dolinas, que son depresiones u hondonadas entre rocas, y de ahí el nombre del Pico de La Torca. Hace frontera natural entre las comarcas de la Axarquia y de Alhama, y desde sus alturas se puede observar al Este el cerro de La Maroma y Sierra Nevada, al Oeste la sierra de Camarolos, al sur el pantano de La Viñuela, los pueblos entre otros de Periana, Vélez-Málaga y Torre del Mar, y el azul del Mediterráneo, y al Norte el polje de Zafarraya, salpicado de balsas y pozos para el aprovechamiento agrícola.
Para observar este espectáculo quedamos citados a las 8´30 h. en el Manzanil de Loja, por ser punto de confluencia con Miguel y Dani, que venían de Málaga. Después de las tradicionales muestras de afecto y un desayuno adecuado partimos rumbo a nuestro destino por la comarcal A-341, hasta llegar a una cantera que se encuentra un par de kilómetros antes de llegar a Zafarraya.
Iniciamos inmediatamente la subida a la sierra, al mando de nuestro experimentado guía Jose Antonio, el Señor de LagunaLar, que con gps en ristre va guiando nuestros pasos por un pedregal caótico, aguantando como puede nuestras bromas y el desperdigueo del grupo. Conforme ganamos altura el Señor de Los Alayos toma la cabecera para ir rastreando el terreno y facilitarnos el ascenso. Hay que ir con mucho cuidado, pues el piso es abrupto y sin sendero. El lugar invita a ir parando de vez en cuando, para poder levantar la vista del suelo y contemplar el paisaje tan espectacular que se nos presenta, y especialmente cuando alcanzamos la cresta de la sierra, donde comenzamos a contemplar el paisaje a un lado y otro de la misma. Belleza donde la haya y sensación de espíritu libre.
Poco después llegamos a la cima de la Torca, donde nos hacemos la foto de grupo, y echamos un rato contemplativo, intentando identificar los distintos pueblos, sierras y montes que se expanden en el horizonte.
Continuamos la marcha cresteando hasta llegar a una hermosa dolina, que contenía en el centro una charca, y junto a ella un pozo. Un lugar realmente maravilloso. Nueva parada, fotos y comentarios.
Continuamos la cresta un poco más, hasta que nuestro guía dispuso que ya era el lugar de iniciar la bajada, por un espeso y precioso pinar, buscando la dirección de la cantera donde dejamos los vehículos.
Como llega la hora de reponer fuerzas, escogemos un acogedor lugar entre los pinos para comer y descansar, y de postre reparto de chocolates y caramelos de café.
Reanudamos la marcha hasta alcanzar un sendero que nos lleva directos hasta los vehículos, en una jornada serrana espectacular, de buen ambiente, divertida, amigable, humorística, con algunas caídas sin consecuencias relevantes, y …¡oh, rareza ¡, sin que el Inclito nos deje tiraos. 
Sellamos una jornada de sobresaliente cum laude con unas merecidas cervezas en la plaza de Zafarraya, y antes de volver a Granada unas fotillos de despedida pasadas por agua en la preciosa fuente de la plaza.
Apuntado queda que para otra ocasión habrá que transitar por la otra mitad de esta maravillosa sierra de Alhama, y conocer las maravillas que nos tenga reservadas. Hasta la próxima, amigos.

Crónica: JA Mazuecos
Fotos: Antonio Domingo


sábado, 7 de octubre de 2017

La Tahá de Pitres

Después de algunos años hemos vuelto a La Tahá  aunque en esta ocasión la ruta ha sido diferente. Desde Pitres nos hemos dirigido a Mecina, Mecinilla y Fondales. Hemos bajado al río Trevélez y de allí  a Ferreirola,  Busquistar, Atalbeitar y regreso a Pitres.
A la hora más o menos acordada llegamos a Pitres donde nos esperaban Elena, Adolfina y Lourdes, junto al restaurante "La Carretera", en pleno "Paseo Marítimo" (el puerto de mar no lo vimos ni tampoco los sembrados de sardinas aunque una barca sí que se han traído de Motril y la han anclado en medio del pueblo; menudos bárbaros).
Comenzamos la bajada a Mecina Fondales transitando por una buena vereda aunque algo pendiente.
Pero aquí comienzan a fallar los gps del guía (el que suscribe) y rápidamente es apoyado por el telefonillo de Elena que, aunque con poca batería, nos coloca en el camino correcto.
Llegamos a Fondales que celebraba  sus fiestas patronales. Bajo la carpa, los  paisanos confraternizaban con  algunos guiris que se han adaptado al terreno y refuerzan la escasa población alpujarreña.
No nos invitan a desayunar ni a las copas de anís que se estaban calzando por lo que seguimos de largo sin volver la vista atrás.

La ruta nos lleva al río Trevélez. Nos hacemos fotos en un puente que cruza el río y, aunque no era el romano, años tenía un montón.
Volvemos sobre nuestros pasos para iniciar una fuerte subida y ....perdemos la vereda (por dónde va la verea? Os suena). Recurrimos a Elena pero su gps  también se ha gripao. Pedimos como último recurso a nuestro compañero "Rastreator" que nos saque del atolladero y éste, que nunca falla, tras olfatear a diestro y siniestro, rápidamente nos recoloca en el camino.
Pequeño incidente: Antonio pierde sus gafas... y las vuelve a encontrar al día siguiente colgadas en la parte de atrás de su mochila... ¡Como andan las cabezas!
Poco después avistamos Ferreirola (que significa pequeña fuente de hierro), otro bello pueblo de la Tahá con su iglesia del s XVI, sus calles empinadas y sus bellos tinaos.
Una marcada senda que transcurre entre castaños, nogales y huertas nos coloca  al cabo de hora y pico en Busquistar (menudo repechón para atravesar el pueblo y llegar a la carretera).
Nos entra la duda de si comer en esta localidad o hacerlo en la siguiente, Atalbeitar. Un paisano busquiteño nos indica que en Atalbeitar solo existe un bar llamado el "Horno Pollas y que casi siempre está cerrado. Cunde la división en el grupo pues mientras unos quieren continuar y comer sin necesidad de alcohol en el próximo pueblo, otros prefieren asegurarse la cerveza en la tierra que pisábamos, Busquistar, donde los bares estaban abiertos. No nos independizamos unos de otros de milagro y al final aceptamos democráticamente la decisión de la mayoría, consistente en seguir hasta Atalbeitar, a ver que nos deparaba la suerte.
La calor arrecia (vaya calor en el mes de octubre en las Alpujarras), el asfalto desprende grados propulsados a chorro y el sofoco de los senderistas es propio de la canícula veraniega. Menos mál que podemos dejar pronto la carretera y una cómoda vereda, ya con más arbolado y frescor, nos acerca a Atalbeitar (que según Mercedes significa "pueblo del veterinario").
Algunos seguimos con el alma encogida pensando en la rubia maltesa y el mal augurio del paisano busquiteño. Y al llegar a la plaza... albricias, el Horno Pollas estaba abierto. Y con una selecta clientela de extranjeros, fumetas e hippies con perro que reían  continua y ostentosamente (¿qué se abrían tomado?).

Nos apropiamos de parte de la plaza y nos acomodamos en los escalones junto al pilar. Sacamos los bocatas, algunos hacen acopio de diversas bebidas y comienza una merecida manduca entre el jolgorio reinante.
El dueño del bar Horno Pollas, tras defenderse de la acusación de sus cierres intermitentes, que por supuesto niega, nos explica que el nombre del bar se debe a que anteriormente era un horno que tenía fama de no pagar a los que le vendían el trigo, la harina, la leña... por lo que era común oír entre los proveedores el comentario.... "sí, en el horno te van a pagar pollas". Qué mejor nombre, pues,  para este bar. Por cierto, de tapa te van a poner p...
Dejamos atrás la "movida" de Atalbeitar con risueñas y sonoras despedidas para sumergirnos de nuevo en la calor. Afortunadamente pronto nos adentramos en un frondoso bosque donde la fresca brisa es recibida con alivio. Atravesamos el hermoso arroyo Bermejo con sus purpureas aguas ferruginosas . 
Y acometemos otro nuevo repechón, afortunadamente el último,  hasta encontrarnos de nuevo en el Paseo Marítimo de Pitres. Fin de la ruta. Todos contentos.  Lo de después es lo de siempre, así que no lo voy a contar.
La próxima nos espera.
Fotos: Indalecio y JA Mesa
Crónica: JA Mesa

sábado, 23 de septiembre de 2017

El Pico del Cisne (Sierra de la Almijara)

Es la salida inaugural de la temporada, y ocho andarines del club nos damos cita para hacer frente al reto de ascender al Cerro del Cisne, apodado el K2 de la sierra Almijara, con una altura de 1.465 m., y un desnivel acumulado de más de 1100 m. partiendo desde la aldea del acebuchal, de los que 700 m. se concentran en los últimos 2 km. de subida.
            Después de las muestras de afecto, y de dar cuenta del acostumbrado desayuno, partimos en dirección a la aldea del Acebuchal, donde dejamos los vehículos y comenzamos la marcha por el cauce de un arroyo que, aunque sombreado y fresco, nos hace sudar la gota gorda debido al alto nivel de humedad. 
En animada conversación alcanzamos el “Collado Blanquillo”, desde donde divisamos por primera vez el cerro del Cisne, que se alza majestuoso entre la marejada de picos y verdes barrancos, elevando su cuello en lo más alto del azul intenso. Aquí, desde luego, era de necesidad la foto de grupo, y las cámaras del Inclito y de don Antonio hicieron sus admirados menesteres.
            Ahora toca bajar hasta el helipuerto y la balsa contraincendios por un carril en el que nos encontramos, a la izquierda del mismo, una pequeña hornacina, bien cuidada y blanqueada, en cuyo interior guarda una cruz de hierro y una fotografía plastificada con la imagen de un hombre bien plantao y traje que aparenta ser de militar, del que posteriormente hemos averiguado que era conocido como “Simón”, apodado “el héroe de Nador”, un arriero de la sierra y aficionado a la caza que murió despeñado por aquella zona en el año 1928, y al que indudablemente alguien quiere que continúe viva su memoria.
            Atravesamos el rio Higuerón, trasponemos el helipuerto, y ahora hacemos lo propio con el arroyo de las Angustias, y nos plantamos en el inicio del sendero más difícil, el de los últimos 2 kms.
            Aquí hemos de hacer mención que hasta este punto es posible llegar con vehículo todo terreno por un carril de tierra, con un firme que no aparenta estar mal del todo. Pero volvamos a nuestra tarea. El sendero se inicia por una senda marcada por dos hitos de piedras, que continúan hacia la meta final, y que gracias a la generosidad de los montañeros que pisan estos montes han ido poniendo, así como alguna que otra marca de pintura verde.
Siguiendo esta guía ascendemos hasta un collado, desde el que volvemos a obtener unas vistas privilegiadas sobre el Cisne, y más adelante a la izquierda nos fotografiamos junto a la piedra del “Centinela”.
            Continuamos la ascensión y llegamos al lugar en que la subida se pone más respetable, y el sendero se bifurca. Aquí nos plantamos por hoy, excepto los animosos Inclito e Indalecio, que disponen escudriñar algo más arriba de este majestuoso Cisne.
            Después de reponer fuerzas, vuelta para atrás desandando lo andado, con tranquilidad y buena letra vamos bajando, con una larga parada en el rio Higuerón, para remojar los pies y preparar una coreografía acuática para la recepción de los rezagados Inclito e Inda, que finalmente no aparecen.



            Llegamos a los vehículos después de 9 horas de tranquila marcha, bendecidos por los genios de la sierra, y apaciguado el corazón, y prometiendo la vuelta a este maravilloso lugar, esta vez para alcanzar la cumbre del asombroso Cisne.

            Para acabar, generosa invitación a cervezas y piscolabis en casa de Elena, y cada cual para su iglesia. Hasta la próxima, amigos.
Cronista: JA Mazuecos
Fotos: A Domingo.