lunes, 22 de febrero de 2010

Excursión al Picacho Alto (Los Alayos)

Aprovechando la tregua que nos daban la lluvias torrenciales de los últimos meses, quedamos para hacer esta escapada el sábado 20 de febrero.
El día se presentó magnífico y, mientras esperábamos a los rezagados en la Ermita Nueva, empezamos a calentarnos con los primeros rayos de sol y a recrearnos con las vistas de los Alayos, que teníamos frente a nosotros.
Iniciamos la marcha por un carril embarrado que pronto dejamos atrás para coger la vereda de Ermita Vieja y, de allí, una rambla seca que nos hizo sudar y ganar en altura. Al final de la rambla, al llegar a la vereda que ascendía al Picacho, nos perdimos todos. Todos menos José A Mazuecos, que siguió remontando la rambla. Menos mal que decidió volver a buscarnos porque no sé lo que habría sido de nosotros si no lo hace.
Mientras esperábamos a que J A Mazuecos nos encontrara, pudimos contemplar atónicos como 175 senderistas pasaban raudos junto a nosotros en una larga fíla que alguien comparó con la procesionaria del pino pero a toda leche.
A partir de ahí, el ascenso se hizo feliz con nuestro pastor vuelto al rebaño. De pronto....llegamos a un collado donde nos esperaba la mole inmaculadamente blanca de las cumbres nevadas de nuestra sierra. Espectáculo maravilloso.
Tras un pequeño respiro, acometimos el ascenso del Picacho que nos observaba como insignificantes enanos a sus pies. A partir de ahí disfrutamos de alucinantes imágenes de plantas adornadas de agujas y cristales de hielo
Al fin cumbre alrededor de las una (?) de la tarde. Desde la cima, a 1900 m de altitud, el espectáculo era impresionante, aunque algunos primero echamos mano a las mochilas porque la otra mochila, la del estómago, estaba terriblemente vacía e inquieta. Tras tranquilizarla con bocatas, mediasnoches, nueces y otras fruslerías (a propósito, nadie trajo la bota), pudimos recrearnos sosegadamente con el Veleta y el Caballo, que reclamaban nuestra atención mandándonos continuos reflejos de sol. A continuación las fotos de rigor para que nadie dude de nuestra gesta. Y... para abajo.

El descenso fue rápido porque con lo empinada que era la pendiente se corría más. Y porque algunos no querían perder la cerveza a pesar de ir requetecomidos. Así que fue coger los coches y enfilar hacia Las Mimbres, donde algunos no tuvieron empacho en comer carne en salsa a pesar de las macabras historias sobre el merendero.
Y se acabó, porque es sofá nos estaba esperando para concluir el sábado honrosamente.

Crónica y fotos: JA Mesa